Para esas inefables entrometidas
El lugar y el ambiente era el de todos los velatorios; luz mortecina, baños ocupados, aire acondicionado al máximo e inservible. El café negro circulaba entre los presentes sin interrupción. Algunos más caraduras aceptaban una copa de cognac. No eran tontos, era importado de Francia y en la etiqueta se podía leer Martell
Los continuos murmullos vulneraban de manera desconsiderada el silencio requerido para la triste ocasión. No todos conocían a todos y las caras de circunstancia eran patéticas mientras saludaban a los deudos, pero cuando se alejaban un poco se formaba la consabida ronda de cuentos, festejados tapándose la boca para disimular que ya los habían escuchado en otro velorio.
Yo participaba en uno de esos corrillos. De pronto escuché que alguien comenzaba a reír sin poder ocultarlo, me di vuelta y vi que era Rigoberto.
— Muchacho, ¿qué te ocurre?
No podía parar, sostenía su humanidad con ambas manos e hizo un tremendo esfuerzo, pero le fue imposible. Sus carcajadas iban en aumento. Lloraba de risa,
—Por favor, dominate. Un poco de respeto — le dije enojado—al fin de cuentas estamos velando a tu suegra.
Por lo visto Rigoberto estaba descargando años de disputas, discusiones y menosprecio de su “ amada mamá política”
No me respondió y fue contagiando a los demás. Nadie sabía el porqué, pero el lugar se transformó en un desquicio indominable.
Poco a poco se fueron tranquilizando; por lo bajo pregunté a mi amigo qué había sucedido.
Intentó responderme, pero otra vez le dio un ataque y tuvo que salir a tomar algo de aire fresco para calmarse. Por un rato lo logró, pero la carcajada estaba a flor de labios. Todos se sentían molestos. No podían comprender lo que ocurría.
Esta situación se repitió una y otra vez, hasta que fue interrumpida de manera violenta::
La suegra haciendo un esfuerzo se tomó de los costados del ataúd se sentó bien erguida e indignada chilló :
—¿Porqué no me respetan, como corresponde a una anciana, en esta difícil situación? No sería hora de que me cuenten a mí también de qué se ríen.



